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¿Por qué no sonó a tiempo la alerta sísmica el 19 de septiembre?


 

Este improbable temblor del 19 de septiembre del 2017, que nos sacudió con demasiada fuerza dejó 40 edificios colapsados y más de 200 víctimas mortales, expuso de forma más cruel los límites y obstáculos del sistema de alerta sísmica.

Se trata de algunos límites técnicos, pero sobre todo de obstáculos establecidos por intereses concretos que no tienen como objetivo maximizar el tiempo y difusión de la alerta al público, sino mantener beneficios particulares, tanto del organismo encargado de implementar la alerta, como de varios medios que podrían mejorar su difusión.

Hasta el momento, el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (CIRES) ha dado una escueta explicación de por qué tantas personas reportan no haber escuchado la alerta, o haberla escuchado una vez que ya había empezado a sentirse el terremoto. En el primer boletín que la organización publicó en su página de internet tras el temblor, y contrario a la experiencia narrada por varios habitantes de la ciudad, CIRES señaló de forma preliminar que la alerta había dado 20 segundos de aviso a los habitantes de la de Ciudad de México. También informó que dos de sus sensores en Puebla, específicamente en San Juan Pilcaya y Tehuitzingo, reportaron el sismo que disparó la alerta.

Pero días después, en un reporte más detallado publicado el 28 de septiembre, afirmó que la alerta no dio 20 segundos de aviso pues, debido a la cercanía entre el epicentro del sismo del 19 de septiembre y la ciudad de México, las personas sintieron el temblor antes de que sonara la alerta y por tanto “no resultó útil el aviso”. El CIRES publicó esta aclaración horas después de que los autores de este reportaje entregamos un conjunto de preguntas dirigidas a su director, Juan Manuel Espinosa Aranda.

¿funcionó o no funcionó la alerta sísmica?

En las últimas décadas, sismólogos e ingenieros han desarrollado cálculos matemáticos complejos (algoritmos) para estimar velozmente la magnitud del sismo a partir de estas ondas, e incrementar así el tiempo entre el inicio del sismo y la llegada de las ondas destructivas a las ciudades. En el caso del sistema de alerta sísmica (SAS) en México, si al menos dos sensores de los 76 que actualmente tienen colocados, estiman que la magnitud será de 6 o más, entonces se emite una alerta pública. Si la magnitud del temblor es de menos de 6 pero de al menos 5, entonces se emite una alerta preventiva que no se escucha en público.

La alerta originalmente estaba diseñada para dar a la capital varios segundos de anticipación en temblores originados en las costas del Pacífico, a 300 kilómetros y más de la Ciudad de México. Desde la década de los ochenta, varios sismólogos identificaron las costas del Pacífico como una zona de gran actividad sísmica debido a que se encuentra en una zona de subducción, es decir, un área donde una placa oceánica (la Placa de Cocos) se está hundiendo bajo una placa continental (la Placa de Norteamérica).

Considerando la distancia entre estas costas y la ciudad de México, el sistema de CIRES puede detectar las ondas P y S para emitir una alerta pública entre 50 y hasta 125 segundos antes de que las ondas más peligrosas (S) alcancen la capital, según la localización exacta del epicentro. Es así como en el terremoto de magnitud 8.2 que se originó la noche del 7 de septiembre en el Golfo de Tehuantepec, a más de 600 km de la ciudad de México, los capitalinos recibieron la alerta 124 segundos antes de que llegaran las ondas más destructivas.

Uno de los criterios más importantes que hay para evaluar el funcionamiento de un SAS es su tasa de efectividad en la detección de la magnitud de temblores y, por tanto, si no genera falsas alertas y si sí suena cuando debe hacerlo.

Con información de Animal Político