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Damnificados en el olvido


 

Para Francia Gutiérrez todos los días son iguales, el sol entra y sale por el mismo lado; la sensación de frío clavada en la espalda. En un pizarrón con letras azules y un cuaderno sin pasta se registran las bitácoras de guardias y donaciones. Pero no importa lo que diga el calendario: cada día es el mismo para los damnificados del 19-S.

“Vivimos en un loop, en un bucle del tiempo”, afirma Francia Gutiérrez mientras estira las solapas de su chamarra de mezclilla. El 19 de septiembre nueve personas murieron por el colapso de uno de los diez edificios que forman el Multifamiliar ubicado sobre calzada de Tlalpan a la altura de Ciudad Jardín. Uno de los 40 departamentos estaba a punto de ser ocupado por los padres de Francia, eso la ha motivado para exigir que los fallecimientos no se conviertan en otro caso sin respuesta.

“Un indicador de que tu vida va bien es hacerte de una casa. Quien da un enganche o le descuentan de su quincena sabe lo que cuesta y que haya colapsado y te veas en la desolación es desalentador. Como ciudadano aportas impuestos o si eres jubilado acumulaste aportaciones y esperas una retribución que no está llegando. Casi todos somos propietarios y casi todos hemos sido desatendidos por las autoridades”, menciona Francia, vocera vecinal.

Ante la falta de certezas, la organización del Multifamiliar ha sido un ejemplo para convivir entre damnificados y para buscar soluciones Cada tanto realizan asambleas y han formado comisiones para decidir e investigar qué se debe hacer para dejar de vivir en la calle. Al modelo se han sumado afectados de otros puntos de la capital con quienes comparten experiencias y, juntos, han conformado la agrupación de Damnificados Unidos de la Ciudad de México.

Menuda y de manos heladas, Francia observa que el edificio en el que vivió sigue sin ser demolido a casi tres meses del sismo. Los departamentos quedaron reducidos y los otros nueve edificios desalojados, a oscuras, con los vidrios rotos. La pintura en aerosol colocada por rescatistas se mantiene como el recuerdo de la crisis. Los muros del 4-B advierten sobre fugas de gas. En otro, una pinta pide silencio. No hay cambios, todos los días son iguales.

Irónicamente, un mes antes de que el edificio 1-C colapsara, Francia y sus hermanos se despidieron de la casa. Los Gutiérrez recorrieron uno a uno los recuerdos de infancia, miraron las fotos familiares, reencontraron los juguetes con los que crecieron y se sentaron por última vez en los sillones de los primeros dueños de la casa: los bisabuelos.

Los pasillos del Multifamiliar se volvieron fríos y oscuros. Casi nadie camina por ellos, la incertidumbre de no saber qué tan frágil son los edificios llevó a 200 personas a vivir en la calle. Ahora los muros de sus casas son de plástico y tela. Los más afortunados viven en las casas donadas por el gobierno de China, mientras otros pasan los días en espacios rodeados de tablones, tarimas de madera, cajas de cartón rellenas de ropa y casas de campaña.